Ricardo Ramírez Requena y las letras de la resistencia

Después de la lluvia torrencial de la mañana del martes, Ricardo Ramírez Requena fumaba un cigarro en la puerta de la biblioteca de la UCAB. Sus zapatos sonaban un poco mientras caminaba, por toda el agua que habían llevado en el camino. El profesor universitario, escritor, lector y librero hoy forma parte del movimiento Poesía Resistencia. Desde allí, reflexiona sobre literatura, resistencia, opresión, libertad, cultura y otros temas, a propósito de la Venezuela actual.

Ramírez Requena, quien ha sido merecedor de reconocimientos en premios como el de Cuentos de la Policlínica Metropolitana, el de Poesía Eugenio Montejo y el Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, cuenta que la iniciativa de Poesía Resistencia fue una idea original de Natalia Mingotti y Rafael Castillo Zapata. A ellos también se sumaron Álvaro Mata, Samuel González-Seijas, Diajanida Hernández y Teresa Mulet, para hacer de facilitadores logísticos de un movimiento que le permita, a todo poeta que lo desee, manifestarse activamente desde la palabra durante las protestas.

En este sentido, el escritor destaca que el objetivo principal de la iniciativa es “acompañar las protestas desde la poesía, pensando en una idea central que es la idea de clamor, a partir de la poesía. Nos interesa llevar a la acción en términos de pancartas, volantes, lecturas colectivas, pero de mucha intervención de calle, pensando un poco en términos de vanguardia”.

Letras para las protestas

Lunes, 08 de julio de 2013

(…) Vivimos en resistencia perpetua y parece que solo nos queda la honestidad y el escribir: la honestidad en el escribir.

Ricardo Ramírez Requena. Constancia de la lluvia. Diario 2013-2014.

A propósito de esta frase en su diario, ¿qué significa para usted resistir desde la literatura?

Para mí, es no claudicar ante valores que quizás a mí me puedan parecer negativos o mezquinos. Para mí, es reivindicar los altos valores del espíritu, lo que William Faulkner llamaba “las grandes verdades del corazón”. Si hay algo a lo que podemos aspirar, es a ser verdaderamente honestos, honestos desde la palabra, tratar de dejar de lado la mentira, los sofismas, las falsificaciones y las perversiones que la palabra ha sufrido particularmente a lo largo de todo el siglo XX, a partir de regímenes como el nazismo o el comunismo, que se propusieron tergiversar la realidad y hasta cierto punto lo hicieron.

¿Contra qué resiste exactamente?

Contra la dictadura. Nosotros vivimos en dictadura: no tenemos libre tránsito realmente, no tenemos una justicia que te haga justicia realmente. En cualquier momento, alguien te busca, te mete preso y desapareces. Nos encontramos bajo tribunales militares que están enjuiciando civiles por traición a la patria. (…) A mí no me interesa que el Estado me domine, a mí me interesa ser libre, y que yo pueda tomar mis propias decisiones y ser responsable de mis decisiones en todos los ámbitos de mi vida. Yo me encuentro con un gobierno, con un Estado que se opone firmemente a mi libertad. A mí me parece que uno resiste y que la sociedad está resistiendo contra eso.

¿Cuál cree que es el rol de la literatura y de las artes en circunstancias como la que atraviesa Venezuela actualmente?

Yo no sé si la literatura genere transformaciones colectivas. Yo creo que el campo de la literatura, la poesía es en la mente, en los corazones de los individuos. Yo creo que la labor de la poesía y de la palabra es estar. Que cuando alguien necesite contar algo, expresar algo, encuentre las palabras necesarias para hacerlo, y eso al fin y al cabo es el trabajo de los poetas, y eso es lo que los poetas dan, otorgan y suministran.

Yo siento que la protesta necesita una suerte de inspiración a partir de la palabra, por decirlo así. (…) A nosotros nos interesa no solamente la literatura venezolana, la poesía venezolana sino en todas sus tradiciones: la poesía polaca, la poesía rusa, los disidentes cubanos, yo creo que aportan un lenguaje, una manera de decir las cosas que se asemejan como nosotros podemos sentir.

De la cultura en la política

lo que hay que hacer es saber,

alumbrarse ojos y manos

y corazón y cabeza

y después, ir alumbrando.

Andrés Eloy Blanco. Fragmento del poema Coloquio bajo la palma. En Giraluna, publicado en 1955.

En efecto, las letras son un vehículo de expresión. Para la política y las revoluciones, también son armas. No han sido pocos los autores que, desde la literatura en cualquiera de sus géneros, han elevado su voz ante situaciones políticas y sociales que apoyan o que consideran adversas. Tampoco son pocos los políticos y pensadores que se valen de la palabra para contagiar sus ideas.

A lo largo de la historia de Venezuela, una lista de escritores podría incluir nombres como Andrés Bello, Juan Germán Roscio, Cecilio Acosta, Rufino Blanco Fombona, Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, José Rafael Pocaterra, Juan Liscano, Gustavo Pereira, Luis Alberto Crespo, entre muchísimos otros.

Desde su memoria y estudio de la literatura venezolana, Ricardo Ramírez Requena también recuerda coyunturas anteriores: los fuertes debates intelectuales de los años 80 y 90, así como la Revista El Puente para la época del 11 de abril. El profesor también asegura que la primera década de este siglo se caracterizó por buscar una respuesta crítica a la pregunta ¿quiénes somos? desde la literatura venezolana y la historia. De 2010 en adelante, considera que las letras venezolanas repudian categóricamente la violencia, y se leen depresión y desesperanza.

Mientras toma el segundo café del día, antes de las diez de la mañana, Ramírez Requena aprovecha para manifiestar preocupación ante lo que él llama un espíritu antiintelectual en la política venezolana. Su mirada detrás de los cristales de los lentes, así como su tono de voz, se hacen un poco más fuertes. Para él, hay una carencia importante de cultura general y de producción intelectual en la política actual, que también ha dejado de lado, a su juicio, el pasado cultural e intelectual civil del venezolano.

En su diario cuenta que hizo una crítica a estudiantes de la Universidad Monteávila porque consideraba que llamaban a la antipolítica, al antiintelectualismo y al inmediatismo. También consideraba aquellos tiempos, de 2013, más viles. ¿Ha cambiado algo de eso desde entonces?

Los tiempos se han envilecido muchísimo más. No sé cuánto tiempo más pueda durar este envilecimiento. (…) En el caso de los muchachos, yo siento que se han radicalizado más, siento que son más aguerridos, más lanzados, tienen menos miedo. Siento que se han organizado más.

Aún así, hay una generación política, de Capriles y López para acá, que adolece profundamente de lecturas; de lecturas políticas, lecturas económicas, y que no posee lo que podemos llamar una cultura general. (…) Siento, percibo, una ausencia crucial de lecturas en los políticos contemporáneos y quisiera que esto no fuera extensivo hacia la juventud. Que la juventud más bien se ampare en las lecturas que pueda tener, sean erradas o no, pero que entiendan que las ideas son importantes. Y que uno está reivindicando ideas, cosas en las que cree para la construcción de una sociedad.

Venezuela tiene un problema: todo el mundo quiere arrancar de cero, pero hay un pasado. ¿Por qué nadie cita a Baralt, a Cecilio Acosta, Andrés Bello, Juan Germán Roscio, Rufino Blanco Fombona, Teresa de la Parra, Pocaterra, Rómulo Gallegos? Están ahí, son una tradición civil, que es la tradición importante de este país. ¿Por qué no se apoyan en eso?

De sus libros

Si Maneras de irse habla sobre “los adioses que nos marcan como personas”, ¿en el 2017 entrarían las despedidas a quienes han muerto por la represión o la crisis del sector salud?

Sí, definitivamente sí entrarían, y tomando en cuenta un elemento que es crucial: cuando tú no decides esa manera de irte sino que la decide el poder. Es decir, “que te vayan”.

¿Qué diría en su diario sobre estos días?

Con la llegada de mi hijo, yo en enero de este año detuve el diario, no pude seguir. No he llevado registro de nada de lo que ha sucedido porque yo me quedé sin palabras para llevar este tipo de registro. Siento que es algo que me supera, nunca pensé que me pasaría. (…) Lo que he podido es escribir poesía, no el registro diario de los acontecimientos.

No ha terminado de escampar afuera y desde su oficina, Ramírez Requena también recomienda lecturas: la recopilación digital #PoesiaEsResistencia, de Ediciones Letra Muerta es una de ellas. George Orwell, Ray Bradbury, Aldous Huxley y Cormac Mc Carthy son algunos autores de narrativa extranjera. Andrés Eloy Blanco, Rafael Cadenas, Igor Barreto, Yolanda Pantin y Jacqueline Goldberg son solo un puñado de poetas venezolanos que también considera indispensables en estos tiempos. Hoy la lluvia, en agua y en ideas, también ha sido constante.

Recuperemos

un sentido mayor.

Aún tenemos restos de la casa:

existe una puerta

y lo que falta

regresará.

Igor Barreto. Fragmento del poema Posible Comienzo.

 

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